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La semana pasada una persona muy cercana y muy querida me llamó y me dijo que había escrito una carta – las cartas son herramientas muy poderosas para sanar, para quien las envia al igual que para quien las recibe –; me contó la historia. Su cuñado se había separado de su esposa hacía tres meses, y ahora estaba considerando volver a su matrimonio.
Me dijo que tuvo este impulso, algo más grande que ella, de sentarse a la computadora y comenzar a escribir. Dijo que comenzó a escribir y empezó a llorar. Que no pudo dejar de escribir, ni de llorar, hasta que hubo terminado la carta.
La carta es sobre una personita atascada, escondida en su habitación, sintiendo que quiere meterse bajo una roca y nunca más salir de ahí. A veces nuestro comportamiento humano e infantil es muy claro, aun cuando somos ya bien crecidos, como ver a la criatura de 5 años dando guerra dentro del cuerpo de una señora de 55, que monopoliza el momento, sin poder compartir una conversación con el grupo. Comportándose en los cincuentas como no pudo comportarse a los 5.
A veces es más sutil. En cualquier caso, cuando somos adultos y nos comportamos como niños, cuando nos peleamos con nuestro cónyugue no pensamos que tal vez hay una personita asustada ahí en el cuarto, hibernando, escondiendose. Con una necesidad desesperada de hablar con alguien que le pueda asegurar que sus sentimientos son válidos, y que no tiene que seguir atrapado/a en esa realidad para siempre. He aquí la carta.
No daremos los nombres verdaderos para proteger a las personas involucradas, especialmente los niños. ¡Disfruta! Tal vez te sientas identificado o conozcas a un niño/a en la misma situación.
Hola. Te mando esto porque pensé que sería mas fácil para mí escribirlo, que decirlo en una llamada telefónica. Así me es más fácil expresarme. Igual, si quieres hablar sobre esto, personalmente, aquí me tienes.
Como sabes, mi mamá y papá no tenían una relación muy cordial. Sí, se amaban mucho.
(Aunque estoy segura de que mi papá amaba a mi mamá mucho más porque estaba atrapado en sus juegos mentales. Me di cuenta de eso cuando ya era adulta.) Sin embargo, cuando se peleaban, era muy triste para mí. Es más, acá me tienes, 39 años y ni si quiera puedo escribir sobre eso sin llorar. Cuando mi papá y mamá discutían, literalmente me encerraba en mi cuarto e hibernaba.
Estoy agradecida por haber tenido una nana que vivía con nosotros que era como mi roca. Podia ‘esconderme’ con ella y ella me repetía que “todo iba a estar bien”. Como dije, tenía un adulto con quien hablar y expresar ese dolor. Tus hijos necesitan tener a alguien con quien hablar que no seas tú ni Elizabeth, ni nadie más en las dos familias (sin prejuicios) y DESCARGARSE!!!
Se nota que Derek tiene tantas cosas adentro que necesita dejar salir, pero no puede, porque sin darse cuenta no puede decir nada a nadie dentro de la familia por miedo de herir a sus padres. Personalmente creo que sería muy bueno para ellos que vieran a un terapista. Yo tenía una nana con quien contar para eso, y si no hubiera estado ella, yo me hubiera vuelto aun más introvertida. Me veo reflejada en Derek. La misma timides.
Bueno, volvamos a mí (Peter seguro diría típico – yo, yo, yo). Una vez, cuando mis papás comenzaron a gritarse, mi papá se frustró tanto que pateó la puerta de la ducha y le tuvieron que poner 23 puntos en el arco del pie. Él nunca le hizo daño a mi mamá físicamente, pero tenía que descargarse de alguna manera. Ésa es la primera gran pelea que me acuerdo, y todavía vivíamos en Belle-View Drive. Yo tenía 8 años, creo.
Nos mudamos a la casa en la Calle 19, la cual visitaste varias veces. Las peleas siguieron, pero esta vez mi mamá comenzó a llamar a la policía. Jason, eso fue lo peor de todo. Me mortificaba tanto tan cada vez que venía la policía… y créeme, venían bastante seguido. Mi casa estaba situada exactamente enfrente de donde todos los buses del colegio bajaban por la Calle Star. Tenía que inventar historias en cuanto al por qué de la presencia de la policía en mi casa OTRA VEZ! …ERA HORRIBLE!!!!
También peleaban cuando venían mis amigos, por lo tanto no invitaba amigas a mi casa muy seguido. Cuando venía alguien, subía el volumen de la tele o la radio bien alto, para que no escucharan a mis papás peleando (otra vez, verbalmente; nunca físicamente). Trataba de aparentar que no estaba pasando nada, pero sí estaba sucediendo…
Lo único que quería era gatear debajo de una roca y nunca más salir de ahí. En serio, llegó al punto en que no quería invitar a mis amigas a casa por temor a las peleas de mis padres. Pero sí tenía algo a mi favor. Mi papá trabajaba en el negocio del turismo, lo cual significa que viajaba todo el tiempo. No estaba la mitad del año en total. Odio decirlo, pero esperaba con ansiedad a que se fuera mi padre. No tenerlo cerca era como vivir en el paraíso… no porque no lo amara, sino porque sabía que no habría peleas… y podría traer a mis amigos y amigas (eso incluía a Elizabeth, por cierto).
Cuando sabía que mi papá iba a regresar, se me revolvía el estómago, me sentía enferma. Como volvía desde Europa, eso significaba que llegaría a casa mientras yo estaba en el colegio.Esos días no quería regresar a mi casa. En realidad, no quería volver a mi casa MUY SEGUIDO!!!
Ahora, tú dime… es ése el tipo de hogar al que un niño debería volver? El hogar de un niño debería ser su santuario, donde siempre se siente seguro… que es lo que tu hermano y yo le hemos dado a Rachel. Cuando la recojo del colegio y tengo que hacer cosas después, se molesta porque quiere ir a casa. Ella adora su casa, no sólo en el sentido físico, sino también en el sentido espiritual.
Mis padres comenzaron a dormir en habitaciones separadas… trata de explicar eso a tus amigos cuando tienes 10 u 11 años. Finalmente, cuando me gradué de secundaria, se divorciaron. Hasta ese momento mi mamá me pasaba diciendo que no se iban a divorciar hasta que yo fuera mayor y terminara la secundaria. Sé que ya te he dicho esto, pero llegó al punto en que le tenia mucho rencor a mi papá. No obstante lo que diga la gente, los niños tienen una tendencia natural de estar del lado de la mamá cuando hay turbulencias. Si no hay ninguna turbulencia, los niños pueden amar a ambos padres por quienes ellos son en realidad. Yo pude disfrutar de ambos, mi madre y mi padre, MUUUUUCHO más una vez que se divorciaron y se mudaron a casas separadas.
En retrospección, me hubiera gustado que mis padres se divorciaran mucho antes, para poder haber tenido una vida más normal.
En retrospección, me hubiera gustado no haber visto a mis padres discutir en frente de mí e insultarse de esa manera.
En retrospección, me hubiera gustado tener la oportunidad de conocer a mi papá “dulce y feliz y ahí para mí”, más pronto en mi vida.
En retrospección, me hubiera gustado tener TODA mi casa como santuario, no sólo mi cuarto.
En retrospección, me habria gustado que mis padres hubieran pensado más en mí y no sólo en ellos, lo cual hubiera significado que se habrían divorciado antes y nuestra vida en tranquilidad podría haber empezado antes.
En retrospección, SÍ tuve una niñez maravillosa con 2 padres cariñosos, pero no lo hubiera dicho en ese entonces… tal vez si se hubieran divorciado antes, sí lo habría podido decir.
Yo sé que TÚ puedes darles a Derek & Francis ese hogar! Honestamente, desde el fondo de mi corazón, no creo que puedas hacer eso con Elizabeth. Y créeme, en verdad me duele decir eso, ya que Allison, después de todo, era una de mis mejores amigas.
Espero no haber hablado mas de la cuenta, pero si te puedo ayudar a entender cómo era, crecer en un ambiente impredecible, entonces sólo puedo esperar que harás lo mejor para tus hijos. Son dos niños hermosos. Y tengo el honor de haber disfrutado de la oportunidad de conocerlos mejor en estos últimos meses. Ahora son tan diferentes, están más abiertos.
¡¡Son mi familia también!!
¡Sí! Y por primera vez en la VIDA… Cuando le pedí a Rachel que adivinara quién iba a venir ayer, no dijo Joseph ni Kevin como siempre dice… esta vez gritó emocionada, “¿¡Derek y Francis!?”. Ves, me asusta que si tú y Elizabeth trataran de volver a estar juntos, los veríamos una o dos veces al año, máximo. Eso me da mucho miedo, y de verdad no sé qué le diría… a Rachel y qué les dirías tú a tus chicos sobre por qué no nos ven tan a menudo. Porque, ¡realmente creo que eso es lo que sucedería!
Por favor, por favor, por favor siéntete con toda la libertad de llamarme o venir cuando sea!! Los queremos mucho, a ti y a tus chicos!!!
A Elizabeth también, aunque mi mayor preocupación son los niños…Ahora, planeemos nuestros futuros viajes familiares… Nueva York, Canadá, Rochester (la boda), Disney World, Chile, Brasil… o donde sea que los corazones de nuestra familia nos lleven!!!
Chantal
A veces no vemos el panorama completo. Verdad?
Cuando vine a Estados Unidos desde España, mis hijos mayores tenían 8 y 2 años. Cuando llegamos, comenzamos un negocio, un cafe-pastelería. Requería bastante trabajo. Me pasaba largas horas en la tienda. Al prever que tenía que trabajar con un poco de tranquilidad, contraté a una nana de El Salvador para que cuidara a mis hijos. Estaba recién llegaba de España y la idea de una guardería infantil no me convencía para nada. Especialmente con mi hijo menor recién dando sus primeros pasos.
Su nombre era Lilian. Era alta, sólida y fuerte. Siempre estaba lista para ostentar sus dientes frontales, cubiertos en oro, con una gran sonrisa, en el modo que los salvadoreños del campo decoran sus dientes como para recordarse a si mismos sonreir muy seguido para lucir el brillo resplandeciente de su sonrisa. Me encanta esa costumbre. Yo no lo haría, pero si lo piensas, tiene su que ver.
En todo caso, de vuelta a “Nanina”, como mis hijos la llamaban. Esto fue en los años ochenta, cuando El Salvador estaba en plena guerra civil. Ella había dejado atrás a sus tres hijitos, al cuidado de sus parientes, con el propósito de poder ganarse el pan acá en los Estados Unidos y mandarles dinero. Había conseguido el asilo, por problemas con un coronel que se había querido propasar con ella.
Cuidaba a mis chicos como si fueran suyos. Era terrenal, cariñosa, graciosa y viva. Era com que les estaba dando a mis hijos lo que no podía proveer a los suyos propios, dadas las tristes circunstancias de su vida. Sin restricciones. Como madre yo no me podía imaginar lo difícil que debía ser para ella. Pero ella eligió depositar todo ese amor que cargaba dentro de sí, como el brillo de sus dientes de oro, en mis hijos. ¡Qué tal regalo! Los chicos la adoraban.
Muchas veces cuando veníamos a casa en la noche, los niños ya estaban dormidos. Ella nos esperaba con su sonrisa dorada, para contarnos los eventos del día… lo que habían dicho, lo que habían hecho, lo que habían comido, si habían llorado, reído, peleado, los chapoteos en el baño. rápidament despues de comer a la cama, rendidos por el cansancio. Vivíamos en un departamento muy pequeño. Ella dormía en una gran habitación con los chicos y con las justas teníamos muebles. Cuando mi esposo y yo nos metíamos a la cama king size, el único mueble que teníamos en nuestro cuarto, y ella se echaba ahí, al pie de la cama, y empezaba a contar la historia del día ansiosa por saber el relato de nuestro día. Le encantaba esa parte del día, porque podía hablar con adultos, amaba el sentido del humor de mi marido, muchas veces soltaba una cantarina carcajada, y decía “Ay don Pepe, Usted me hace reír” mientras Pepe continuaba con su rosario de anécdotas del día, filtradas con su sentido del humor… lo planos que se estaban sus pies por estar parado sobre ellos todo el día, o la historia del griego que era dueño de la mitad de la cuadra y venía a compartir un donut con su amigo todos los días.
Yo guardo esos momentos como un tesoro en mi mente, un tesoro en un cofre de agradecimiento hacia ella. Se transformó en mi héroe, me enseñó a vivir en el presente. Me dio el regalo de su maternidad para entregarsela a mis hijos, cuando ellos no podían tenerme. Era una testigo de luz. Esos que van por la vida dando amor del bueno.
Cuando se fue, siguió llamando religiosamente cada año para el día de la madre, y decía: “Feliz día de la madre, Niña Luzma” y por el día del padre llamaba a mi esposo y decía “Feliz día del padre, don Pepe”. Como haciendo honor al importante rol de ser padres. Después de algunos años, perdimos contacto con ella. Hoy. quisiera encontrarla y decirle en persona, con la perspectiva histórica, cuán agradecida estoy hacia ella. Me encantaría abrazarla y perderme en ese abrazo de tierra, como lo hacían mis hijos. Ella hizo que la transición y adaptación al nuevo ambiente, como inmigrante, se hiciera mucho más divertida y real.
Este post está dedicado a todas las nanas hispanas que brindan su amor radiante a personitas tímidas. Y niños engeneral que no pueden disfrutar de la presencia de sus padres porque estan trabajando. Es un testimonio al héroe silencioso que extiende su amor materno y terrenal a todos los niños alrededor del mundo sin recibir el reconocimiento merecido.
Luz
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